Translator Blog

Translate to Arabic Translate to Bulgarian Translate to Simplified Chinese Translate to Traditional Chinese Translate to Croatian Translate to Czech Translate to Danish TTranslate to Dutch Translate to English Translate to Finnish Translate to French Translate to German Translate to Greek Translate to Hindi Translate to Italian Translate to Japanese Translate to Korean Translate to Norwegian Translate to Polish Translate to Portuguese Translate to Romanian Translate to Russian Translate to Spanish Translate to Swedish
Download this Cross-Cultural Communication Tool from Get International Clients

Seguidores

domingo, 6 de Janeiro de 2008

EL IMPERIO DE LOS INCAS


Los quechuas, habitantes de la montaña, aventajaban en dureza y sobriedad a los pueblos de la costa, Cuzco, la capital del pequeño estado estaba construida sobre un fértil valle, situado en gran altura y resguardado de los vientos helados de aquellas cumbres. En el año 1532, cuando llegaron los españoles, residían en el Cuzco los monarcas, adorados por sus súbditos como dioses. Los españoles contaron de ella maravillas, de sus templos y huertos con cañas de maíz y flores de oro y plata, de los discos de oro que representaban al sol o la luna, y de las figuras humanas de tamaño natural, esculpidas en oro. Los cuencos y platos fueron fundidos por los españoles y se han conservado las listas donde se anotaron todos los objetos de oro llevados a España despues de la Conquista. Ni uno sólo de estos objetos ha podido ser hallado. Toda la orfebrería peruana que hoy se encuentra en manos de coleccionistas procede de tumbas o depósitos descubiertos posteriormente.



Al iniciarse la historia de los incas empezamos ya a pisar terreno histórico de una manera gradual, lo cual significa que no tenemos que recurrir exclusivamente a los hallazgos arqueológicos, más o menos abundantes, para la reconstrucción de esta época.

Los testigos oculares españoles fueron los primeros en dar noticia del esplendor y belleza del "Tawantinsuyo" o "Reino de los cuatro puntos cardinales". Con nombres tan ambiciosos como éste que revelan una elevada conciencia de su propia fuerza, basada en sentimientos religiosos, designaron a muchos pueblos antiguos los reinos de sus divinos emperadores. El imperio sagrado de los incas es uno de los más modernos de este tipo en toda la historia universal. La historia de los incas empezó en realidad hace poco más de cuatrocientos años.

En el año 1550 se escribió ya la primera historia extensa y detallada del reino de los incas. Se debe a la pluma del honorable caballero de la Cruz español Cieza de León, que recorrió el país en sus años mozos, con los ojos bien abiertos. Dos decenios más tarde el erudito Sarmiento de Gamboa escribió su historia del Imperio de los incas por encargo del virrey español, mereciendo la aprobación de cuarenta y dos caciques indios que estamparon en ella su firma. En muchas historias posteriores ha sido reconocida la grandeza del pasado de los indios peruanos por religiosos y eruditos que poseían conocimiento de la lengua incaica. Es impropio designar con la palabra "inca" a todo el pueblo porque se trataba de un título de nobleza que correspondía en primer lugar al Sapay Inca, el soberano, adorado como un semidios. El primer elemento del nombre Manco Capac, el primero de los príncipes incas que aparece en las listas llegadas hasta nosotros, parece relacionarse con la palabra aymara "Malcu", que significa antecesor. No es totalmente desacertada la hipótesis de que la raza de los incas procedía de una de las tribus aymaras. "Capac" significa simplemente "el poderoso" o "el excelentísimo" en lengua quechua, elevada a la categoría de lengua oficial del Imperio; fue éste el tratamiento que se aplicó posteriormente a todos los monarcas incas.


Cuenta la leyenda que Manco y su hermana Mama Ocllo, a la que el monarca tomó por esposa - un testimonio dado por la leyenda del matrimonio entre hermanos, prohibido para el bajo pueblo - fueron los dos únicos sobrevivientes de una familia de siete hermanos y se apoderaron del fértil valle del Cuzco. Los indígenas huyeron aterrorizados cuando vieron a Mama Ocllo que avanzaba hacia ellos llevando en su mano un pulmón arrancado a uno de los suyos; la reina lo hinchaba soplando mientras en la otra mano agitaba una honda.

Sin duda la raza de los incas pudo imponerse a los campesinos que habitaban el Valle del Cuzco gracia a su astucia y a su brillante inteligencia. Hay que tener en cuenta además que, sólo a partir del sexto monarca de las listas tradicionales, llamado Inca Roca, se usa el nombre "inca". Pachacutic Yupanqui inaugura la época histórica, tal como los cronistas españoles la oyeron del labio de los nativos, conocedores de las obras y los hechos de Pachacutic por las noticias recibidas de sus mayores.

No existe una historia escrita como en Méjico porque los peruanos no poseían ningún tipo de escritura. Los narradores usaron no obstante un procedimiento mnemotécnico, el "quipu" o "escritura de nudos"; con su ayuda podían acordarse de los números y de toda la serie de hechos dignos de pasar a la historia. Todos los hijos de los grandes personajes fueron adiestrados con el manejo del Quipu.

Las leyendas son casi siempre construcciones ficticias sobre la historia auténtica como las crearon otros muchos pueblos primitivos, para justificar situaciones políticas o religiosas y elevar hasta el cielo la gloria de sus monarcas. Los gobernantes incas eran adorados como hijos del sol. El atributo Pachacutic se a traducido por el "Reformador del mundo". Bajo este reformador y salvador del pueblo inca se iniciaron las grandes conquistas sistemáticas que continuaron en el reinado de su hijo Tupac y de su sobrino Huayna Capac.

Pachacutic mandó confeccionar mapas en relieve con barro de todas las provincias conquistadas; y los pueblos vencidos, que antes habían pagado casi siempre tributos en especie, fueron incorporados desde este momento a la federación del Imperio del sol.

En la época del inca Tupac Yupanqui (1471-1493) abarcaban las fronteras del Imperio desde el actual Ecuador hasta más allá del rio Maule, en el norte de Chile. Muchas de sus conquistas se efectuaron por vía diplomática, gracias al prestigio del nombre de los incas. Y a pesar de haberse implantado el culto del sol se permitió la supervivencia de los dioses locales.

Sin embargo conquistaron por medio de la guerra el rico estado de los chimúes, en la costa septentrional; la victoria final de los incas se debió al corte del importante abastecimiento de aguas. Junto a los príncipes derrotados se llevaron también a la capital del Imperio los orfebres y otros artesanos. Algunos autores suponen que muchos elementos del arte imperial de los incas fueron importados del estado de los chimúes.


Basándonos en nuestros actuales conocimientos parece cierto que una gran parte de la arquitectura atribuida a los constructores incas, el típico estilo arquitectónico incaico, no es anterior a la época de Pachacutic. Según la tradición un gran terremoto destruyó la ciudad en 1440. Se supone que cuando el gran Inca ordenó la reconstrucción de la ciudad sagrada del Cuzco, se utilizaron las piedras de las construcciones primitivas.



Los gigantescos bloques poligonales deben proceder de un período anterior a esta reconstrucción, mientras que las piedras rectangulares son más modernas. El material de construcción era el pórfido, la piedra caliza de color gris y la andesita. Esta última, de origen volcánico, adquiere un color parduzco al descomponerse por la acción del tiempo. La mayoría de los palacios del Cuzco están construidos con bloques rectangulares de andesita, que resaltan la superficie del muro como cojines redondeados y producen curiosos efectos de luz y sombra bajo el fuerte sol. Los nichos trapezoidales, ventanas y puertas contituyen la única decoración de los muros exteriores. Ya en la epoca de la conquista se admiraba extraordinariamente el arte de los picapedreros, que sabían adaptar perfectamente los bloques de piedra entre sí, sin usar argamasa ni otro material de fijación: "era imposible hacer pasar la hoja de un cuchillo entre dos piedras.

La impresión predominante que nos produce la arquitectura inca de calidad es la de una magnífica sencillez, que sabe renunciar a todo adorno superfluo. Sgún las noticias de los conquistadores, las paredes interiores de los palacios y templos se guarnecían con tapices y planchas de oro cincelado. La arquitectura inca no conoce las fachadas decoradas con gran barroquismo de los mayas y otros pueblos de Mesoamérica, ni las cabezas esculpidas que adornaron los muros exteriores de los edificios durante la era de Chavín, ni los relieves de la arquitectura del litoral peruano. Han dado lugar a inumerables conjeturas los agudos salientes aplicados aplicados de manera asimétrica en muchos de los bloques de piedra de los edificios incas, sin que hasta el momento se haya encontrado para ellos una explicación. Lo cierto es que no responden a ninguna necesidad técnica.

Los tejados no se han conservado. Los antiguos cronistas coinciden en su admiración por los techos de paja, que formaban artisticos dibujos. Sabemos que algunas de la edificaciones tenían un tejado cónico; se afirma tambien que ciertos templos permanecieron siempre sin tejado, abiertos vajo la boveda del cielo. En la forma de construir de los incas, sencilla pero impresionante, se trasluce con especial elocuencia la esencia misma de su imperio. Para los edificios estatales o religiosos se empleó la forma de arquitectura más noble.

Los templos de las encumbradas fortalezas de Macchu Picchu y Pisac son las ruinas más importantes que se conservan, además de los palacios de los incas en Cuzco. Es célebre Ollantaytambo, al borde de la cuenca del Urubamba; otros ejemplos del más noble estilo incaico se han conservado en las inmediaciones del Cuzco, más o menos apartados de la ciudad, y en las islas del lago Titicaca. Son muy conocidas las murallas ciclópeas de la fortaleza de Sacsayhuaman, que dominan Cuzco, en ellas existen algunos bloques poligonales que sobrepasan los cinco metros de altura. Los templos dedicados al dios el sol en todo el dominio inca se reconoce por los restos de murallas de planta ovalada.

El pueblo vivía en cambio en casas muy humildes de planta rectangular o redonda y paredes de piedras o cantos rodados sin tallar, unidos con barro; o simplemente de barro y adobe.

Se puede suponer que los conocimientos arquitectónicos de los incas entroncan con la tradición de Tiahuanaco, aunque posteriormente llegaron a poseer un estilo propio. Toda la cultura material de los incas se basa en las provechosas enseñanzas y sugerencias de las anteriores culturas peruanas. Se considera a los incas propagadores de la técnica de bronce y, por otra parte, sabemos ya que llevaron a su capital orfebres para que trabajaran en honor del dios el sol y la élite incaica. El simple realismo de las figuras de llama o seres humanos de oro y plata distingue claramente los trabajos de los orfebres incas de las producciones de la región litoral. Son típicos asimismo de esta época los trabajos de engaste con diversos metales; los artistas gustaban de mezclar el oro y la plata en sus creaciones. Los vasos para beber tienen formas muy simples y carecen de ornamentación figurativa.

La cerámica inca conoce una serie de formas que reaparecen constantemente; la más típica es tal vez el ánfora puntiaguda. Extendida por colonos de la región montañosa, volvemos a encontrarla en diferentes lugares de la costa. En la región del Chimú se mantiene fiel al primitivo modelo y se fabrica en barro negro. En los alrededores de Lima su color es gris, con aplicaciones plásticas además de una cabeza de animal, típica de todas ellas, de formas angulosas y desprovistas de valor artístico. Esta cabeza se encuentra pegada a la parte inferior del cuello del recipiente y su función era servir de sostén a una cuerda que permitía llevar el ánfora colgada a la espalda. Dos asas verticales, aplicadas en la parte inferior del cuerpo del ánfora, acentúan la perfecta armonía de sus proporciones.

Además de la perfección técnica la cerámica inca se distingue por un certero sentido de la proporción, que no aparece en las escasas representaciones de figuras humanas.

Otra forma típica de la cerámica es un plato llano con un asa lateral en forma de lazo o cabeza de ave. Existen también jarrones con asas y cuencos con tapa, provistos de un alto pie redondeado, y finalmente vasos de paredes casi verticales. Muchas de estas formas podrían calificarse de clásicas. Recuerdan a las antiguas vasijas griegas. Todos los recipientes se cocieron a la perfección; su superficie externa está exquisitamente pulimentada y la decoración polícroma es más frecuente que la monocroma. Los colores más usados son el amarillo, anaranjado, un rojo violáceo, blanco y negro. La decoración figurativa disminuye gradualmente en beneficio de las ornamentaciones geométricas.

Sólo en el llamado "Kero" encontramos representaciones escénicas, a menudo personas ataviadas con el traje típico de los incas, junto a otras que parecen indios de la selva, vestidas más parcamente. No faltan tampoco los guerreros españoles, las flores y los árboles. Los "Kero", grandes vasos de madera que proceden en su mayoría de la época colonial, por lo menos los que se han conservado, aparecen siempre emparejados porque se utilizaban en ciertos brindis rituales. Los contornos de los seres humanos, animales y plantas representados en ellos son incisos y se rellenan con colores mezclados con resina endurecida o laca. Los vasos de madera decorados con figuras geométricas proceden seguramente de épocas más antiguas.

Existen también cuencos de piedra dura que, al parecer, estaban destinados al culto. A veces son lisos y de paredes verticales, y otras veces se decoran con serpientes en relieve. También pueden ser zoomorfos y reproducir la cabeza de una llama o un pez. En su sencillez pueden alcanzar estos recipientes una considerable perfección. Es muy extraño que no aparezcan figuras o rostros humanos, teniendo en cuenta el dominio del material que poseían los artistas.
La escultura antropomorfa en barro de la época incaica es relativamente poco frecuente; pero son aun mucho más escasas las estatuas de piedra. Es posible que los españoles destruyeran muchas obras de arte por motivos políticos. No encontramos las típicas imágenes de divinidades, tan frecuentes en todas las culturas primitivas. En otro lugar de este libro he planteado la cuestión de que los monarcas incas eran tal vez los únicos dioses en figura humana. Se ha comprobado que desde el reinado de Pachacutic sus momias eran mostradas al pueblo para que las adorase en determinadas festividades religiosas.

Los rostros de estas momias se cubrían con una máscara de oro. Pachacutic tuvo que hacer fabricar envoltorios falsos para sustituir a las momias perdidas de algunos de sus antepasados. No se han conservado ninguna de las máscaras que llevaban. Cuando el hijo de Pachacutic, de dieciséis años de edad, apareció en público por primera vez, ordenó su padre a los grandes del reino que le ofrecieran sacrificios como a un dios.

Las pequeñas figuras de oro y plata que representan los hombres erguidos o llamas, pertenecen en realidad a un tipo de estatuillas fabricadas en serie; sólo varían en pequeños detalles. Las figuras humanas tienen siempre idénticos rasgos fisiognómicos. Están de pie en actitud rígida, con las manos sobre el pecho. Las figuras de llama de metales nobles, tan abundantes como las anteriores, se representaron también en una actitud invariable, sosteniéndose sobre sus cuatro patas rígidas y con las orejas en punta. Casi todas ellas son huecas.

El bronce dejó de utilizarse exclusivamente para la fabricación de joyas y se empleó para objetos de uso diario. Algunos de estos objetivos se decoraron con figuras. El museo de Berlín posee un mangual macizo; parece tratarse de una cabeza de maza que posiblemente perteneció a un inca; es de oro puro y pesa quinientos gramos, Sin embargo no se ha conservado ninguno de los valiosos objetos de plata y oro que los españoles arrebataron de los templos del Cuzco.

Los artesanos incas aprendieron de los pueblos más antiguos de su imperio otras artes aplicadas; así sucedió también con el trabajo del metal y con el arte del tejido, Es muy escasa sin embargo la cantidad de piezas de tejido realmente importantes que ha llegado hasta nosotros, ya que únicamente los grandes personajes llevaban vestidos lujosos y joyas de oro. Se han conservado túnicas incas de brillantes colores con dibujos compuestos de pequeñas figuras casi siempre geométricas, que se van repitiendo. La lana y el algodón se utilizaron para delicados tapices y, según informa uno de los cronistas, llegó a emplearse pelo de murciélago para el atuendo de los incas reinantes. La sedosa lana de la vicuña, que se podía cazar con facilidad, se destinaba exclusivamente al vestuario de los monarcas. Cuando los españoles vieron los finísimos tejidos de lana de vicuña creyeron que se trataba de seda. Pero la seda era totalmente desconocida por los peruano. Los elegantes y decorativos dibujos en los tejidos de la era incaica no pueden competir con los mantos funerarios llenos de motivos mágicos de Paracas, ni con los trajes de ceremonia de la era de Tiahuanaco.



Todo el lujo de la época incaica se esfumó cuando los españoles suprimieron los principales privilegios de la élite seglar y eliminaron totalmente a los sacerdotes paganos en beneficio de la iglesia cristiana. La última gran manifestación de respeto de los peruanos hacia sus monarcas tuvo lugar cuarenta años después de la conquista del Perú, al ser ejecutado el inca Tupac Amaru, cuya corte había llevado una existencia secreta en las montañas orientales de los Andes, completamente ignorada por los españoles. En el año 1572 fue decapitado el inocente monarca en Cuzco. Cuando su cabeza sangrante, clavada en la punta de una lanza, fue expuesta en la plaza de la catedral, la multitud se arrodilló para adorarla. Los murmullos de la gente no cesaban y el virrey español se vio obligado a quitarla de la plaza aquella misma noche, incluso en nuestros días la palabra inca sigue teniendo una mística resonancia en algunas regiones del antiguo imperio. De las antiguas habilidades artísticas, en cambio sólo encontramos reminiscencias y huellas en el arte del tejido, que fue cultivado y aprovechado para el comercio durante la época colonial.

En todo el continente sudamericano no existe una sola realización artística que se encuentra en la altura de las mejores obras del arte maya. Los mayas poseen la mejor arquitectura de toda la América precolombina; y lo mismo puede afirmarse de su escultura.

Por desgracia se conservan muy pocas pinturas murales del antiguo Perú. Las únicas que se conocen son más interesantes para la historia de la cultura que para el arte.

La escultura sudamericana se somete siempre a la forma del bloque de piedra en mayor o menor grado. Los artistas que trabajaron la piedra consiguieron sus más bellas realizaciones en el dominio del relieve llano o del grabado; sobre todo en la era de Chavín, una época relativamente temprana del arte sudamericano.

Existen pinturas rupestres en distintos lugares del continente; no han sido todavía reunidas ni estudiadas sistemáticamente, aunque solo algunas poseen un efectivo valor estético y muy pocas pueden fecharse con relativa seguridad, comparándolas con la decoración de la cerámica. Tenemos ejemplos de dichas pinturas en el norte y en el sur del Perú.


¿Cuál es, finalmente, el aspecto que ofrecen las regiones fronterizas del Imperio de los incas, antes y después de la dominación de ellos? ¿Qué sucedió en las regiones más apartadas como Colombia, Venezuela y Brasil? La historia y la arqueología de estos territorios no han avanzado tanto como el Perú. Puede esbozarse el antiguo arte de estas regiones en unos pocos rasgos típicos, intentando destacar lo más característico por medio de ejemplos siempre con la salvedad de que pueden esperarse nuevos descubrimientos que faciliten una clasificación más exacta.

Sem comentários: